LAZARILLO DE TORMES

TRATADO TERCERO.- cómo
Lázaro se asentó con un escudero, y de lo que le acaeció
con él.
Andando así discurriendo de
puerta en puerta, con harto poco remedio, porque ya la caridad se
subió al cielo, topóme Dios con un escudero que iba
por la calle, con razonable vestido, bien peinado, su paso y compás
en orden. [...]
La mañana venida, levantámonos, y comienza a limpiar
y sacudir sus calzas y jubón y sayo y capa; y yo que le servía
de pelillo. Y vísteseme muy a su placer, despacio. Echele aguamanos
y puso su espada en el talabarte [...] Y con un paso sosegado y el
cuerpo derecho, haciendo con él y con la cabeza muy gentiles
meneos, echado el cabo de la capa sobre el hombro y a veces so el
brazo, y poniendo la mano derecha en el costado, salió por
la puerta [...]
Y súbese por la calle arriba con tan gentil semblante y continente,
que quien no le conociera pensara ser muy cercano pariente al conde
Claros, o, a lo menos, camarero que le daba de vestir.