| Con tres estilos alanos
quiero asirte de la oreja,
porque te tenga mi queja
ya que no pueden mis manos.
La habla de los cristianos
es lenguaje de ramplón; [zapatero]
por eso va la razón
de un circunloquio discreto
en retruécano y concepto,
como en calzas y en jubón.
Estilo primero
Amar y no merecer,
temer y desconfiar,
dichas son para obligar,
penas son para ofender.
Acobardar el querer,
cuando más valor aplique,
es hacer que multiplique
el miedo su calidad.
Para más seguridad,
¡Tómate este tique-mique! [...]
Vuelve a proseguir
Pero, siendo tú en la
villa
dama de demanda y trote,
bien puede ser que del mote
no hayas visto la cartilla.
Va del estilo, que brilla
en la culterana prosa,
grecizante y latinosa:
mucho será si me entiendes.
Yo vacío piras, y asciendes:
culto va, señora hermosa. |
Estilo segundo
Si bien el palor
ligustre [palidez de alheña, henna]
desfallece los candores,
cuando muchos esplendores
conduce a poco palustre, [de
laguna]
construye el aroma ilustre
víctima de tanto culto,
presintiendo de tu vulto
que rayos fulmina horrendo.
Ni me entiendes, ni te entiendo:
pues cátate que soy culto.
Prosigue
No me va bien con lenguaje
tan de grados y corona:
hablemos prosa fregona,
que en las orejas se encaje.
Yo no escribo con plumaje,
sino con pluma, pues ya
tanto bien barbado da
en escribir al revés,
óyeme tu dos por tres
lo que digo de pe a pa.
Estilo tercero
Digo, pues, que yo te quiero,
y que quiero que me quieras,
sin dineros, ni dineras,
ni resabios de tendero.
De muy mala gana espero:
date prisa, que si no,
luego me cansaré yo
y perderás este lance.
¡Bien haya tan buen romance,
y el padre que le engendró! (THALIA, MUSA
VI, Décimas) |