MASTER EN LITERATURA COMPARADA EUROPEA

El cuento europeo y España

02.- El exemplum y el milagro europeos

2.2.1.- Gonzalo de Berceo y Europa

2.2.1.3.2.- El ladrón devoto

2.2.1.3.2.1.- Versiones europeas
2.2.1.3.2.1.1.- Jacques de Voragine: Legenda sanctorum

LA NATIVIDAD


[Ladrón devoto]

5. En cierto lugar había un bandido que cometía muchos robos; pero el tal ladrón era tan devoto de la Bienaventurada Virgen María, que frecuentemente la invocaba y se ponía bajo su protección. Un día, mientras estaba robando, fue sorprendido, capturado y condenado a morir en la horca. Los verdugos habíanle ya colgado, y en el preciso momento en que estaban haciendo el lazo en la soga que rodeaba su cuello, la Bienaventurada Virgen se apareció al reo. Durante tres días parecióle a éste que la bendita Señora permanecía allí, junto a la horca, sosteniéndole con sus propia manos de manera que el lazo no pudiera ahogarlo ni hacerle daño alguno. Al cabo de tres días pasaron casualmente junto al patíbulo los verdugos que le habían colgado, y quedaron sorprendidos a advertir que, no sólo no había muerto, sino que incluso presentaba muy buen aspecto y hasta se mostraba alegre. Sospechando que acaso hubieran dejado mal hecho el nudo corredizo, decidieron darle muerte cortándole la cabeza con una espada; y, en efecto, trataron de hacerlo, pero cada vez que alzaban el brazo para dejar caer el arma sobre el cuello del reo, la Virgen con sus manos detenía el brazo de los verdugos, de modo que por muchas tentativas que éstos hicieron no lograron llegar con la espada al cuerpo del hombre que intentaban decapitar. Al cabo de un rato, el reo les dijo:
—Es inútil que insistáis en vuestro propósito; todos vuestros esfuerzos resultarán vanos porque aquí, a mi vera, está la Virgen sosteniendo mi cuerpo y deteniendo los mandobles que lanzáis contra mi cuello.
Los verdugos, conmovidos y admirados, renunciaron a su plan y por amor a Nuestra Señora descolgaron al reo y lo dejaron en libertad; éste, por su parte, arrepentido de sus fechorías, ingresó en seguida en un monasterio, y en él permaneció el resto de su vida consagrado al servicio de la Santa Madre de Dios.


Alianza 1995