MASTER EN LITERATURA COMPARADA EUROPEA

El cuento europeo y España

01.- Pedro Alfonso, el primer español autor de cuentos "europeo".

La disciplina clericalis en Europa
 

Cuento I.- El medio amigo

03.-GESTA ROMANORUM

CAP. 129.- Sobre la prueba de la verdadera amistad

Un rey tuvo solamente un hijo único al que amó mucho. Este hijo recibió autorización del padre para recorrer mundo y así poder hacer amigos y, de esta manera, anduvo vagando de un lado para otro durante siete años. Después de esto, regresó junto a su padre. El padre lo recibió gozosamente y le preguntó cuántos amigos había conseguido.
Tres —contestó el hijo—. Al primero lo quiero más que a mí mismo, al segundo, tanto como a mí mismo, y al tercero, poco o nada.
Es bueno probarlos y tantearlos antes de que tengas necesidad de recurrir a ellos —le indicó el padre—. Mata un cerdo y mételo en un saco y dirígete de noche a la casa del amigo que quieres más que a ti mismo; dile que accidentalmente has dado muerte a un hombre y que, si el cadáver es hallado contigo, serás condenado a una muerte cruelísima; solamente te pido que me socorras en esta extrema necesidad, en razón de que te he querido más que a mí mismo.
Y así lo hizo.
—Igual que lo has matado —le respondió el amigo—, es justo que afrontes la pena, pues si el cuerpo es encontrado conmigo por casualidad, seré colgado en el patíbulo. Sin embargo, puesto que has sido amigo mío, por esa razón te acompañaré al patíbulo y, después de que mueras, te daré tres o cuatro brazas de paño para envolver tu cuerpo.
Cuando escuchó esta respuesta, acudió al segundo amigo y le probó igual que al primero.
—¿Me crees tan necio como para querer ponerme en tal peligro? —le contestó, igual que el primero, rechazando su propuesta—. Sin embargo, dado que has sido amigo mío, por eso iré contigo al patíbulo y en el camino te consolaré en la medida de lo posible.
Acudió al tercer amigo y le probó, diciendo:
—Me da vergüenza hablar contigo porque nunca hice nada por ti, pero he aquí que ahora he dado muerte accidentalmente a un hombre, etc.
—Con sumo gusto lo haré y me echaré la culpa a mí y subiré al patíbulo por ti si es necesario —le respondió.
Se puso de manifiesto que éste había sido su mejor amigo.

Moralización

Queridísimos, aquel rey es Dios omnipotente; el hijo único es todo buen cristiano que se propone como objetivo estar de charla con la gente durante doce años, esto es, durante todo el tiempo de su vida y buscar tres amigos. El primero es el mundo, al que ama más que a sí mismo. La prueba de esto es que por culpa del mundo el nombre se pone en peligro de muerte, tanto en el mar, como en la tierra, perdiendo a menudo la vida con tal de conseguir bienes temporales;[...]

(AKAL, 04)

[VERSIÓN ANTITÉTICA DEL CUENTO ANTERIOR]

CAP. 124.- Sobre cómo no hay que creer a las mujeres ni confiarles secretos, porque no pueden guardarlos en momentos de ira

Un noble caballero había ofendido gravemente al rey del que era vasallo y le envió mensajeros para que intercediesen por él. A duras penas consiguieron su perdón y, además, con una condición, a saber, que iría a su palacio medio a pie medio a caballo, esto es, cabalgando y andando a la vez, y que llevaría consigo al amigo más fiel, a un bufón y al amigo más pérfido. El caballero, muy contrariado, comenzó a pensar de qué modo podría cumplir lo exigido. En efecto, una noche en que dio hospitalidad a un peregrino, dijo en tono bajo a su esposa:
—Sé que el peregrino lleva consigo dinero fácil de conseguir; deseo, por tanto, si estás de acuerdo, darle muerte y de esta manera conseguir su dinero.
—Está bien pensado —dijo ella.
Así pues, mientras todos dormían, cerca del amanecer, se levantó el caballero y, despertando al peregrino, le ordenó marcharse. A continuación, mató y troceó uno de sus terneros y lo metió en un saco. Inmediatamente después despierta a su esposa y le entrega el saco para que lo esconda en un rincón de la casa diciendo:
—Solamente introduje en el saco la cabeza y las piernas con los brazos, mientras que el cuerpo lo he enterrado en nuestro establo.
Dicho esto, le mostró algún dinero como si lo hubiese tomado del peregrino muerto. Cuando llegó el día en que debía presentarse ante su señor, el rey, tomó a su perro con la mano derecha, a su hijo pequeño en el regazo y de la izquierda a su esposa. Y al acercarse al castillo de su señor, colocó la pierna derecha sobre la espalda de su perro, como si fuera a caballo, mientras que con la otra pierna iba andando. De esta manera entró en el castillo de su señor a pie y a caballo. El rey, al verlo, no salía de su asombro rodeado de todos los presentes. El rey le preguntó:
—¿Dónde está tu amigo más fiel?.
El caballero, desenvainando rápidamente la espada, hirió gravemente a su perro el cual huyó ladrando y herido, después lo llamó de nuevo y, al acercarse a él el perro, dijo:
—He aquí mi amigo más fiel.
—Dices la verdad—respondió el rey—. ¿Dónde está el bufón? —continuó preguntando el rey.
—Mira —contestó el caballero—, mi hijo pequeño, pues cuando juega delante de mí, me produce una gran alegría.
—¿Dónde está tu mayor enemigo? —preguntó por fin el rey.
Entonces el caballero dio una bofetada a su esposa diciendo:
—¿Por qué miras tú con ojos tan impúdicos a mi señor, el rey?.
¡Oh, maldito homicida! —reaccionó ella al instante—, ¿por qué me pegas?, ¿acaso no has perpetrado un lamentable homicidio en tu propia casa y has dado muerte a un peregrino por una módica cantidad de dinero?.
—¡Oh maldita! —repuso de nuevo el caballero abofeteándola una vez más—, pues no temes deshonrar a tu hijo.
—Venid y os mostraré el saco en que metió la cabeza y los brazos del peregrino muerto y el establo donde enterró su cuerpo —dijo ella enfurecida.
Cuando llegaron para comprobarlo, cavaron inmediatamente en el lugar que había señalado la esposa, pero se quedaron atónitos al ver las carnes del ternero. Después de reconocer la astucia del caballero, lo ensalzaron con justas alabanzas y él después se unió a su señor el rey con un vínculo de afecto especial.

Moralización

Queridísimos, este caballero que perdió el favor de su rey es el pecador, quien, para conseguir el perdón de su señor envía por delante intercesores ante Dios, a saber, hombres queridos en tanto que consanguíneos y amigos suyos. Sin embargo, para dar satisfacción a su señor, debe venir a pie y a caballo; a pie, esto es, pisoteando las cosas terrenas y temporales como despreciables; a caballo, en cambio, contemplando las cosas celestiales con todo el deseo de su corazón. Pero debe llevar también consigo, sujeto con la mano derecha al perro como el amigo más fiel, [...]

[HAY UN CUENTO IRLANDÉS CON LAS MISMAS CONDICIONES AUNQUE YA SIN RELACIÓN CON EL CUENTO DEL MEDIO AMIGO DE LA DISCIPLINA]

GOBÁN EL CARPINTERO.- Irlanda

[...]ve a ver a la muchacha [una muchacha ingeniosa] y dile que venga aquí esta noche; dile, no lo olvides, que no tiene que venir ni por la carretera, ni por un camino, ni a través del campo; dile también que no debe traer consigo a nadie, pero que tampoco debe venir sin compañía. Dile además que no debe entrar, pero tampoco quedarse fuera.
—¡Demonios! —exclamó el muchacho—. ¡No me podías haber hecho un encargo más extraño!
—¡Ahora vete, y haz lo que te he dicho!
El hijo de Gobán se dirigió a la granja y, al llegar, le preguntó a la granjera dónde estaba la muchacha.
—Ha ido al campo —contestó ella— a recoger patatas; puedes ir allí a verla.
El muchacho fue a buscarla.
—¿Qué? —preguntó ella—. ¿No está tu padre contento con la venta de la piel?
—No vengo por eso —contestó él—. Es por otra cosa. Ha dicho que vayas a verlo esta noche, y también que no puedes ir ni por una carretera, ni por un camino, ni a través del campo; dice también que no debes traer ningún acompañante, pero que tampoco puedes ir sola. Y también ha dicho que no puedes entrar, pero que no puedes quedarte fuera.
—Bien, muchacho —dijo ella—, ve tú delante y dile que iré.
Cuando la muchacha terminó de recoger las patatas y acabó todas las demás tareas, se puso en camino, pero antes llamó al perro. Luego se subió a la alta valla que llegaba desde la granja hasta la misma puerta de la casa de Gobán Saoir, y no se bajó de ella hasta alcanzar el umbral de la puerta de Gobán Saoir. Puso un pie dentro de la casa y otro fuera.
—Dios y la virgen María estén contigo —dijo la muchacha.
—¿No quieres pasar? —dijo Gobán.
—¿No reza vuestra orden —dijo ella— que no debo entrar, pero tampoco puedo quedarme fuera? ¿No estoy acaso entre los dos pilares de la puerta?
—Ah, es verdad —dijo Gobán—, ¿Quién está contigo?
—Está aquí —dijo llamando al perro, que se llamaba Sólan.
-Oh, tienes razón -dijo él-. No estás sola mientras tengas al perro.
—Está bien, mi querida muchacha —dijo—, ya puedes entrar.
La muchacha entró; Gobán Saoir, su hijo y ella se sentaron a la mesa a comer una buena cena.
—Lo que realmente quería, mi querida muchacha, es lo siguiente —dijo Gobán Saoir—: quisiera una buena ama de casa para mi hijo y me alegraría mucho si tú fueras su mujer. Ahora me gustaría preguntarte si quieres serlo o no. ¿Quieres casarte con él?
—Me casaría con él de buen grado: sólo depende de si él quiere casarse conmigo.
El hijo de Gobán quiso casarse con ella, así que firmaron las capitulaciones matrimoniales.


(25 cuentos populares de Europa. Siruela 2006)