Literatura Española del Siglo XVII

TEXTOS PARA UN COMENTARIO DE GÓNGORA

3.8.3.- Antecedentes próximos

 

BERNARDO TASSO (1493-1569)

Mentre che l'aureo crin v'ondeggia intorno
all’ampia fronte con leggiadro errore;
mentre che di vermiglio e bel colore
vi fa la primavera il volto adorno;

mentre che v'apre il ciel piü chiaro il giorno,
cogliete, o giovenette, il vago fiore
de' vostri piú dolci anni, e con amore
state sovente in lieto e bel soggiorno.

Verrá poi '1 verno, che di bianca neve
suol i poggi vestir, coprir la rosa,
e le piagge tornar aride e meste.

Cogliete ah stolte il fior; ah siate preste,
che fugaci son l'ore e '1 tempo lieve,
e veloce alla fin corre ogni cosa.

Mientras vuestro áureo pelo ondea en torno
de la amplia frente con gentil descuido;
mientras que de color bello, encarnado,
la primavera adorna vuestro rostro.

Mientras que el cielo os abre puro el día,
coged, oh jovencitas, la flor vaga
de vuestros dulces años y, amorosas,
tened siempre un alegre y buen semblante.

Vendrá el invierno, que, de blanca nieve,
suele vestir alturas, cubrir rosas
y a las lluvias tornar arduas y tristes.

Coged, tontas, la flor, ¡ay, estad prestas!:
fugaces son las horas, breve el tiempo
y a su fin corren rápidas las cosas

(Trad. Paz Díez Taboada).


GARCILASO (1501-1536) Soneto XXIII

En tanto que de rosa y de azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que e1 tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.


 

HERRERA (1534-1597)

Oh soberbia y cruel en tu belleza,
cuando la no esperada edad forzosa
del oro, que aura mueve deleitosa
mude en la blanca plata la fineza;

y tiña el rojo lustre con flaqueza
en la amarilla viöla la rosa,
y el dulce resplandor de luz hermosa
pierda la viva llama y su pureza;

dirás (mirando en el cristal luciente
otra la imagen tuya): «Este deseo
¿porqué no fue en la flor primera mía?

«¿porqué, ya que conozco el mal presente,
con esta voluntad con que me veo,
no vuelve la belleza que solía