Literatura Española del Siglo XVII

ROMANCES DE GÓNGORA

3.3.1.- Hanme dicho, hermanas

(Velázquez )

Hanme dicho, hermanas,
que tenéis cosquillas
de ver al que hizo
a Hermana Marica.
Porque no mováis,
él mismo os envía
de su misma mano
su persona misma:
digo su aguileña
filomocosía,

ya que no pintada,
al menos escrita;
y su condición,
que es tan peregrina
como cuantas vienen
de Francia a Galicia.
Cuanto a lo primero,
es su señoría
un bendito zote [=zoquete, bruto]
de muy buena vida,
que come a las diez
y cena de día,
que duerme en mollido
y bebe con guindas;
en los años mozo,
viejo en las desdichas,

abierto de sienes,
cerrado de encías;
no es grande de cuerpo,
pero bien podría
de cualquier higuera
alcanzaros higas;
la cabeza al uso,
muy bien repartida,
el cogote atrás,
la corona encima;

la frente espaciosa,
escombrada y limpia,
aunque con rincones,
cual plaza de villa;
las cejas en arco,
como ballestillas
de sangrar a aquellos
que con el pie firman;
los ojos son grandes,
y mayor la vista,
pues conoce un galgo
entre cien gallinas;
la nariz es corva,
tal, que bien podría
servir de alquitara
en una botica;
la boca no es buena,
pero a mediodía,
le da ella más gusto
que la de su ninfa;

la barba, ni corta
ni mucho crecida,
porque así se ahorran
cuellos de camisa;
fue un tiempo castaña,
pero ya es morcilla:
volveránla penas
en rucia o tordilla;

los hombros y espaldas
son tales, que habría,
a ser él san Blas,
para mil reliquias;
lo demás, señoras,
que el manteo cobija,
parte son visiones,
parte maravillas.

Sé decir al menos
que en sus niñerías
ni pide a vecinos
ni falta a vecinas. [...]

Es mancebo rico
desde las mantillas,
pues tiene (demás
de una sacristía)
barcos en la sierra,
y en el río viñas,
molinos de aceite
que hacen harina,

un jardín de flores,
y una muy gran silva
de varia lección,

adonde se crían
árboles que llevan,
después de vendimias,
a poder de estiércol
pasas de lejía.
Es enamorado
tan en demasía,
que es un mazacote, [=duro, pesado]
¿qué digo? un Macías; [...]

Tampoco es amigo
de andar por esquinas
vestido de acero

como de palmilla;

 

 

 

 

porque para él,
de la Ave María
al cuarto de la alba
anda la estantigua;
y porque a su abuela
oyó que tenían
los de su linaje
no más de una vida,
así desde entonces
la conserva y mira
mejor que oro en paño
o pera en almíbar. [...]

Es su reverencia
un gran coronista,
porque en Salamanca
oyó teología,
sin perder mañana
su lección de prima,
y al anochecer
lección de sobrina;
y así es desde entonces
persona entendida,
si a su oído tañen
una chirimía.
De las demás lenguas
es gran humanista,
señor de la griega
como de la scytha;
tiene por más suya
la lengua latina,
que los alemanes
la persa o la egipcia;
habla la toscana
con tal policía,
que quien le oye dice
que nació en Coimbra;
y en la portuguesa
es tal, que dirías
que mamó en Logroño
leche de borricas.
De cosmografia
pasó pocas millas,
aunque oyó al infante
las Siete Partidas;
y así, entiende el mapa
y de sus medidas,
lo que el mapa entiende
del mal de la orina;
sabe que en los Alpes
es la nieve fría,
y caliente el fuego
en las Filipinas;
que nació Zamora
del Duero en la orilla,
y que es natural
Burgos de Castilla;
que desde la Mancha
llegan a Medina
más tarde los hombres
que las golondrinas.
Es hombre que gasta
en astrología
toda su pobreza
con su picardía: [...]

sabe alzar figura,
si halla por dicha
o rey o caballo
o sota caída.
Es fiero poeta,
si lo hay en la Libia,
y cuando le toma
su mal de poesía,
hace verso suelto
con Alejandría,
y con algarrobas
hace redondillas;
compone romances
que cantan y estiman
los que cardan paños
y ovejas desquilan,
y hace canciones
para su enemiga,
que de todo el mundo
son bien recibidas,
pues en sus rebatos
todo el mundo limpia
con ellas de ingleses
a Fuenterrabía.
Finalmente, él es,
señorazas mías,
el que dos mil veces
os pide y suplica
que con los gorrones
de las plumas rizas
os hagáis gorronas
y os mostréis arpías;
que no sepultéis
el gusto en capillas,
y que a los bonetes
queráis las bonitas.