Literatura Española del Siglo XVII

02.- POESÍA BARROCA

TEMAS E IDEAS FUNDAMENTALES

2.4.- Flores

A) Simbolismo floral

TIRSO DE MOLINA (1584?-1648)

Que el clavel y la rosa
¿cuál era más hermosa?

El clavel, lindo en color,
y la rosa todo amor;
el jazmín de honesto olor,
la azucena religiosa.
¿Cuál es la más hermosa?

La violeta enamorada,
la retama encaramada,
la madreselva mezclada,
la flor de lino celosa.
¿Cuál es más hermosa?

Que el clavel y la rosa,
¿cuál era más hermosa?

El melancólico, I, 12 (1611)

B) Las flores y el tiempo

AMBROSIO DE BONDIA (+ d. de 1650)

¿DE QUÉ? ¿CÓMO? ¿PARA QUÉ?

¿De qué te afrentas, rosal,
de salir a la luz pura,
cuando ronda tu hermosura
el planeta celestial?
¡No pienses ser inmortal,
porque en tu seno se esté
la rosa! Porque yo sé
que apetece verse fuera,
y a la luz no se corriera
de verse; pues tú ¿de qué?

¿Cómo eternizas tu nombre
y estableces tu memoria,
si lo que puede ser gloria
en ti lo ocultas del hombre?
Para pretender se asombre
de tu nácar, que un asomo
ve en tus verduras esquivas,
es menester que en un tomo
o libro eterno lo escribas;
pero, si lo borras, ¿cómo?

¿Para qué quieres que rompa
con violencia por vivir
tu rosa, si ha de salir
a luz sin que se corrompa?

La eterna fama en su trompa,
si quies que gloria te dé,
haz que salga cuando esté
más enredada en tus brazos
y más atada en sus lazos;
porque si no ¿para qué?

Di, ¿qué gloria puede ser
no anticipar tu hermosura?
¿Así puedes merecer
el aplauso y la ventura
que puedes de ella tener?
No detengas, créeme a mí,
la gloria en que has de gozarte,
porque es sin duda que allí
llegarás a mejorarte;
porque si no, ¿dónde, di?

¿Por qué no te determinas,
pues cuando en la duda vienes,
a todos consta que tienes
rosas entre tus espinas?
Hermosura peregrina
cuando el mundo las miró
en ellas su gloria vio,
y coronando el deseo,
en todos fue dulce empleo;
pues, rosa, en ti, ¿por qué no?

Cytara de Apolo y Parnaso de Aragón (1650)

MIGUEL COLODRERO DE VILLALOBOS (¿1608?- d. 1660?)

ROSA ULTRAJADA

Detén, agricultor, la divertida
unión de brutos, guía del arado,
no ofendas hermosuras deste prado,
guirnaldado con púrpura florida.

Deja vivir la rosa, cuya vida
exhorta prevenciones al cuidado,

pues nace apenas, cuando mira el hado
muerto su olor, su pompa fenecida.

Corrige el tosco hierro, no arüine
tanta ejemplar belleza, que las flores
aun no fueron nacidas para ociosas.

Ella misma divierta tus rigores
(rústica acción, ¿quién hay que la termine?)
donde esperas el fruto, nazcan flores.

FRANCISCO DE RIOJA (1583?-1659)

A LA ROSA

Pura, encendida rosa,
émula de la llama
que sale con el día,

¿cómo naces tan llena de alegría
si sabes que la edad que te da el cielo
es apenas un breve y veloz vuelo,
y ni valdrán las puntas de tu rama,
ni púrpura hermosa
a detener un punto
la ejecución del hado presurosa?
El mismo cerco alado
que estoy viendo rïente,
ya temo amortiguado,
presto despojo de la llama ardiente.
Para las hojas de tu crespo seno
te dio Amor de sus alas blandas plumas,
y oro de su cabello dio a tu frente.
¡Oh fiel imagen suya peregrina!
Bañóte en su color sangre divina
de la deidad que dieron las espumas;
y esto, purpúrea flor, esto ¿no pudo
hacer menos violento el rayo agudo?
Róbate en una hora,
róbate licencioso su ardimiento
el color y el aliento.
Tiendes aún no las alas abrasadas
y ya vuelan al suelo desmayadas.
Tan cerca, tan unida
está al morir tu vida,

que dudo si en sus lágrimas la Aurora
mustia, tu nacimiento o muerte llora.

En este apartado se inscribe también uno de los más hermosos sonetos a las flores, escrito por Calderón e incluido en el drama El príncipe constante, que puedes leer más adelante o ahora si pinchas aquí

C) Flores, tiempo y amor
ANTONIO DE PAREDES (+ h. 1620)

A UN LILIO: ODA

Tu principio en la aurora,
tu fin en la partida
del sol. ¡Qué breve vida!

¡Y qué vana es tu pompa, honor de Flora!
Como mis glorias eres,
lilio, que apenas naces, cuando mueres.

Ligero voló el día,
de quien tú fuiste hijo,
y es término prolijo
para medir con él la dicha mía;
pues infelice lloro
memorias hoy de un bien que ausente adoro.

Partióse Efire bella,
y como en rayos pudo,
que ya no fue lo dudo
de la esfera de Amor errante estrella.
Veloz, lucida tanto
la venera mi fe, siente mi llanto.

D) La belleza de las flores y de las mujeres

JUAN DE OVANDO Y SANTAREM (1620-25, + d. 1670)

TEME LA HERMOSURA DE UNA DAMA EN LA BELDAD CELEBRADA DE UNA ROSA

Reina de los palacios de Amaltea,
joyel del vulgo del florido coro,
alma del prado, carmesí tesoro,
que poma del albor eres sabea.

Encarnado Faetonte es la tarea
que tan breve despeña tu decoro;
corriste exhalación de nácar y oro,
Iris del valle siendo en la librea.

Bella eres copia de la que, perdido,
a sus luces me lleva deliciosa
del imán de sus luces impelido.

Que tenga la aventura de la hermosa
cual tú, recelo, su vivir florido,
pues también, como tú, su cara es rosa.

Ocios de Castalia en diversos poemas (1663)
E) El desengaño en las flores

FRANCISCO MANUEL DE MELO (1608-1666)

JUNTO A UNA FLOR MARCHITA, ABRÍA OTRA, QUE ANTES DE ABRIR DEL TODO, VOLVIÓ A CERRARSE

Yo vi, Fabio, al romper de la mañana,
de un tierno verde tronco procedida,
una flor, que al teatro de la vida
sacaba entonces su niñez lozana.

Mas viendo de otra flor la pompa vana,
confusa, querellosa y desmentida,
presto al botón se vuelve, de advertida
en la igual suerte de la triste hermana.

Pues si una flor, que apenas se divisa,
tanto supo creer que sol ninguno
salió después por enjugar sus llantos,

¡quién te disculpará cuando te avisa,
no la tragedia mísera de alguno,
pero los fines trágicos de cuántos!

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ (1651-1695)

EN QUE DA MORAL CENSURA A UNA ROSA, Y EN ELLA A SUS SEMEJANTES

Rosa divina que en gentil cultura
eres, con tu fragante sutileza,
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura.

Amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza,

en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura.

¡Cuan altiva en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida

de tu caduco ser das mustias señas,
con que con docta muerte y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!

F) Las flores a lo divino, trascienden los estragos del tiempo

FR. JERÓNIMO DE SAN JOSÉ (1587-1654)

EL RUISEÑOR Y LA ROSA

Aquélla, la más dulce de las aves.
y ésta, la más hermosa de las flores,
esparcían blandísimos amores
en cánticos y nácares süaves.

Cuando suspensa, entre cuidados graves,
un alma, que atendía a sus primores,
arrebatada a objetos superiores,
les entregó del corazón las llaves.

"Si aquí —dijo— en el yermo de esta vida
tanto una rosa, un ruiseñor eleva
(¡tan grande es su belleza y su dulzura!),

¿cuál será la floresta prometida?
¡Oh dulce melodía siempre nueva!
¡Oh siempre floridísima hermosura!"

G) El tema de las flores en poetas murcianos

PEDRO DE CASTRO Y ANAYA (+ d. 1644)

A LA ROSA

Nueva florida gala del oriente,
corté una rosa, que en el verde prado,
o expirara al descuido del arado,
o lástima muriera de occidente.

Púsela en agua en un cristal luciente
por conservar de Lisi algún traslado,
y sólo hallé a la tarde el desmayado
cadáver
de aquel sol, que fue accidente.

¡Oh caduca beldad, dije a la rosa,
así acaba la flor de nuestra vida!
Y así han de fenecer en tu elemento

el jazmín de la frente más hermosa,
el clavel de la boca más florida,
del alma el más Narciso pensamiento.

Avroras de Diana (Madrid, 1632)

SALVADOR JACINTO POLO DE MEDINA (1603-1676)

LA AZUCENA

Honesta Venus, azucena hermosa,
vergüenza de la rosa
(pues por ti se le atreve
a avergonzar la púrpura, la nieve)
con los riesgos de linda
junto al peligro de una fuente naces.
Aurora de los prados floreciente,
bellísima fragancia de la fuente,
abejuela de plata en su ribera,
bebes sus linfas, sus alientos paces.
Estrella de cristal en verde esfera
aroma les influyes a las flores,
y al dejarse escuchar en resplandores
(en ecos de la Aurora), la mañana,
nieve del mayo, madrugaste cana,
con alma de oro castidad vestida,
sin que tache una espina tu pureza,
rondada del arroyo tu belleza,
y tu alma del hombre pretendida.

LOS NARANJOS

Pomos de olor son al prado
en el brasero del sol
estos naranjos hermosos
que ámbar exhala su flor.
Perpetua esmeralda bella
donde, en numerosa voz,
mil parlerías nos cuenta
el bachiller ruiseñor;
entre cuyas tiernas hojas
las flores que abril formó
de estrellas breves de nieve
racimos fragantes son.
Metamorfóseos del tiempo
que, en dulce transformación,
hará topacios mañana
los que son diamantes hoy;

a cuyas libreas verdes
dan vistosa guarnición
ramilletes de cristal,
fragantísimo candor.
Rico mineral del valle,
adonde, franco, nos dio
oro, el enero encogido;
plata, el mayo ostentador.

LA ROSA

De un sacro pie de nieve,
experiencia de nácar, esta rosa,
respuesta de coral al golpe aleve
de espina rigorosa,
de lanceta sacrilega atrevida
que al derramar rubí la vena rota
se confesó por flor la menor gota;
cuya beldad florida
reina es del prado coronada de oro,
y por la majestad, por el decoro,
la lechuguilla abierta de rubíes, [cuello de las ropas barrocas]
y de sus armas puesto el verdugado, [falda femenina con forma cónica]
hermosa Venus enamora el prado,
y sin que cuenten su beldad las horas
vive siempre inmortal siglos de Auroras.
De noche, flor de luz al cielo bella;
de día, al prado nacarada estrella.

H) El curioso caso de Francisco López de Zárate (1580-1658)

Fue llamado "El caballero de la rosa" por el poema dedicado a una rosa que tienes a continuación. Muchos poetas de la época fueron "caballeros de la rosa" pero solo él mereció este título, difundido en unos versos de Lope de Vega de 1620: "Armóse Francisco López / de Zárate, de manera / que si encontrara a Virgilio / le hiciera ver las estrellas. / Caballero de la Rosa / le llaman, por excelencia; / pero tales silvas hace / que tales rosas engendra."

Esta a quien ya se le atrevió el arado,
con púrpura fragante adornó el viento,
y negando en la pompa su elemento,
bien que caduca luz fue sol de prado.

Tuviéronla los ojos por cuidado,
siendo su triunfo breve pensamiento,
¿quién sino el hierro fuera tan violento,
de la ignorancia rústica guiado?

Aun no gozó de vida aquel instante
que se permite a las plebeyas flores,
porque llegó al ocaso en el Oriente.

¡Oh tú, cuanto más rosa y más triunfante
teme: que las bellezas son colores,
y fácil de morir todo accidente!